miércoles, 14 de diciembre de 2011

Propósitos de Vacaciones.

Luz... Cuando mis lágrimas te alcancen la función de mis ojos ya no será llorar, sino ver. - Leon Felipe


Es mi tercer día de vacaciones y aunque he tenido cosas que hacer en las tardes, he tenido mucho tiempo libre en las mañanas y  me siento como toda una ociosa, por eso decidí hacer mis propósitos de vacaciones (O_O) que espero cumplir satisfactoriamente en este mes y medio que me queda.

  1. Leer. Tengo muchos libros que esperan, mas otra larga lista por comprar jeje
  2. Estudiar. Aunque sea poquito, presentaré el examen CENEVAL el siguiente semestre :S
  3. Socializar. Lo hice bastante este semestre, hay que seguir así :D
  4. Continuar mi diario de sueños. Empecé hoy...no fue muy buena experiencia =/ 
  5. Checar el blog de mi primo. Sube fotos PA-DRI-SI-MAS!! Pasense por ahi ;)

Creo que esas son todas, o al menos son las que recuerdo. No son tantas verdad? Y no son tan difíciles de cumplir. Al final de las vacaciones veremos si la ociosidad me ganó o si pude hacer algo provechoso.

Demasiadas fotos de gatos *-*

martes, 13 de diciembre de 2011

Adiós 2011

Luz... Cuando mis lágrimas te alcancen la función de mis ojos ya no será llorar, sino ver. - Leon Felipe

Tengo una diadema así :D 

Apenas hace unos días caí en la cuenta de que YA ES DICIEMBRE! Me asombra lo rápido que pasa el tiempo, hace un parpadeo estábamos iniciando el 2011 y ahora que abro los ojos ya se fue...Y se viene el 2012 como si fuera a recoger herencia.

Este mes es uno de mis favoritos por varias razones. Primero estoy de vacaciones!!! Segundo, hace frioooo; tercero, las posadaaaas; cuarto y más importante, Navidad :). La convivencia familiar que hay en estas fechas es de las mejores. Y también la convivencia con la gente que nos rodea mejora, es como si a todos se nos abriera el corazón. Es un buen momento para dejar atrás esos rencores y enojos que cargamos durante todo el año. Como dicen, tirar la bolsa de basura y cambiarla por una nueva para iniciar el año sin cargas. Bueno, esto no se debe de hacer solo en diciembre, sino diariamente pero...dejémoslo así.

Y como ya estoy de vacaciones (jojojo espero que ustedes también) voy a hacer mis propósitos de vacaciones (?) los cuales espero cumplir. Apenas es el segundo día sin pendientes escolares y empezó con el pie derecho!!! y pinta para seguir así los siguientes dos meses yuju!!!!

Cuenta el calendario maya...que el 2012 es el último año de la Tierra porque va a ser el fin del mundo MUAJAJAJAJAJA Así que hay que disfrutar, porque se acabe o no el mundo en el 2012, no sabemos cuando será nuestro último día. Aprovechemos y disfrutemos la vida, que para eso es :D

¡¡¡FELICES VACACIONES!!!

La Estación Como Único Testigo. Cap 8.


8.- La estación como único testigo

-¿Por qué? ¿Por qué? –aullaba Mario mientras sacudía el cuerpo inerte de Roberto Massara.
-Déjalo –clamó Daniel-, lo vas a matar.
-¿Por qué? ¿Por qué?
-Déjalo –repitió Daniel.
-No –fulminó con la mirada Mario a su amigo-, va a hablar, el hijo de puta va a hablar.
Roberto Massara no pudo contener una mueca de burla.
-Y encima te reís, basura. Hablá, te digo. ¿Por qué?
-Déjalo, boludo.
El pavimento ya filtraba sangre y la noche se alimentaba con el ruido de la llegada de otro tren. El silencio se había resquebrajado como un espejo y soledad y tinieblas, una utopía ante tantas luces en ventanas y peatones ahora visibles.
-¿Por qué? Un viejo loco, un pobre ciego. ¿Qué te hizo, hijo de puta? ¿Qué mierda te hizo?

El moribundo abrió sus ojos de tal forma que pareció desgarrarse la cara. La posición cambió: Roberto Massara sujetó por la ropa al policía y en un esfuerzo sobrehumano balbuceó:
-¡Ciego! –un borbotón de sangre confundió la frase final- ¡eiogo!, maldciitrio eiogo.
Esas fueron sus últimas palabras.

FIN

lunes, 12 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 7.

7- El segundo asesinato

Primero: un papel blanco y la firma:
Mónica, fácil de conseguir. Luego llenar el vacío:

Un cansancio repentino a esta vida miserable.
Mónica

“Muy poético, como a ella le gusta”.

El resto era previsible: atar la corbata a la viga que sobresalía del techo y tirar una silla a los pies de Mónica. “¿Sería creíble o sólo un chiste de péndulo?”.

También estaba el revólver, para mostrarlo, para hacerla sufrir. Pero prefirió desvirtuar lo planeado en favor de la rapidez. Aprovechar que estaba de espalda, evitar su mirada de Medusa, paralizante, de mi tiempo, de mi raciocinio.
Pero el maldito mendigo.

No pensó, extrajo su arma y apuntó al pecho del linyera. La distancia no era mucha, y con suerte…Tres, cuatro, cinco, seis ruidosas balas y dos impactos en la campera violeta. Y rojo.

El frío que había sentido el anciano era leve comparado a la helada muerte que lo envolvió en segundos. Se desplomó contra el perro que sólo atinó a ladrar y salir corriendo.

Daniel y Mario que no se encontraban lejos, advertidos por la seguidilla de balazos, llegaron al escenario espectral.

-Allí- gritó Mario y el estridente ruido de la muerte recorrió otra vez la noche en busca del francotirador. Una hoz nefasta vulneró el hombro izquierdo del desdichado novio y cayó al vacío. Los policías corrieron hacia él.

sábado, 10 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 6.

6.- Los dos policías

Al abrirse las puertas del vagón, Daniel y Mario bajaron a la estación y caminaron con paso cansino.

Los dos rondaban los treinta años de edad y eran amigos desde el secundario. Llevaban tres años sirviendo en la Comisaría N° 39 de Villa Urquiza; mas hacía apenas tres meses que trabajaban en horario nocturno.

-Son menos horas que de día- le había dicho Daniel a Mario.
-Sí, pero hay que aguantarlas. Además, vos contás sólo seis horas que es el turno de la guaria en el banco: de tres a nueve de la mañana. ¿Y el tiempo perdido en el viaje?
-El tren es rápido.
-¡Pufff, una luz!
-Vas a tener todo el día para vo y Claudia.
-¿Y cuando duermo?
-Má sí, andá a freír mondongo. El ofrecimiento fue para lo dos pero yo puedo ir solo.
-Está bien, no engranés. Decí que sí.
-¿Seguro?
-Que sí, che, no me rompas más los huevos

Y ahí estaba Mario, una fría noche, un fiel amigo, el trabajo y el folklore de Urquiza: el “Clarín” en el kiosco de la esquina del Banco Río; el puesto de panchos al terminar la vigilancia; y el mendigo.

El brazo se elevó y la mano, cual cenicero, clamó por la ansiada limosna. Los pasos fueron esquivos y la mano quedó sin cenizas. Mario encendió un cigarrillo. –El viejo no afloja, ¿eh? –Si le diéramos guita cada vez que pasamos, ya estaríamos seco.
-Bermúdez me habló de él hace unos días, se comenta que fue un gran artista. Pintor, creo que dijo.
-Lo que es la vida.
-Y…el destino se obstina en dar a quien no sabe usar.
-Hey, esa frase la leí en algún lado.

Un helado ventarrón que sopló pasadas las 3:00 A.M. empujó en su andar a los representantes de la ley.
-¡Que noche fría, ¿no?! – exclamó Daniel.
A lo que Mario replicó con total ignorancia:
-Pero tranquila.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 5.

5- El asesinato

Cuando Roberto Massara entró en la habitación con su corbata en la mano eran exactamente las 3:08 A.M.


Sosiego en el ambiente y la cama desordenada. Mónica se encontraba en el balcón; bajo su bata azul Roberto adivinó su silueta, perfecta, pecado, traición, deseo e infidelidad. Se acercó como sombra para acariciarla y sus palabras resonaron con el mutismo estúpido de la locura: Mónica, Mónica ¿Qué me hiciste? ¡Por Dios, ¿Qué me hiciste?! Todo es inútil, no puedo olvidar…tan propias las palabras, tan ajenas.

Ella no había oído nada cuando la caricia mortal la dominó por el cuello, y el ardor que hace instantes la consumía se transfiguró en glaciar. La muñeca rota cayó al piso arrastrando la corbata azul, camaleón entre la bata por miedo a su identificación.

-Puta- vociferó Roberto- ¿Por qué? ¿Mi amor no valía? Mi amor, o…no, tal vez no sea amor, tal vez locura, demencia, delirio, o…impotencia, ver agua tan cristalina que se escurre entre mis manos y no poder hacer nada para que crea, me crea, que soy recipiente, pozo infinito, no merecedor de tan bellas aguas.

“El Mar Muerto”, pensó risueño y ahogó su sonrisa con un espasmo, no de frío, sino de horror. Allí, solo, en la taciturna estación, un mendigo había presenciado el asesinato. En ese preciso instante, supo que debía matar una vez más.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 4.

4.- El Novio

El Sierra X-R4 estuvo frente al edificio desde las 23:37 P.P. El color negro del auto hacía juego con el traje oscuro del ocupante y con las ideas del mismo.


Roberto Massara se acomodó en el asiento y releyó la carta que había encontrado días atrás:

Mónica:

Ausencia, falta destino tu no estar, e ncuerpo, en substancia, en calor. Ausencia de sentido, en mi vida, al no verte sonreír, al no atreverme a un roce, sugestivo, sin tacto, sólo pasión de la fantasía, fantasía ausente...sin vos.

Esta carta, mi mayor atrevimiento; perdón, cobarde me declaro, es que...¿tengo acaso alguna oportunidad? El cielo está lejos me dijeron de chico, y haberlo visto tan cerca, quezás pecado, es que ahora no me conformo con nada, nadie. Solo, solo estoy en tu ausencia y espero, la oportunidad, el brío, y tus abrazos.

No sé porqué te nombro “amor imposible”, no sé porqué me duele tanto esa etiqueta pegada a mi corazón con la consigna: “frágil”. Pero no me importa, espero, no sé qué, no sé nada, sólo espero, mientras las telas de araña se acumulan a mi alrededor en formas asombrosas, corazón, espada, Cupido, flor. Y yo espero, el coraje, o el milagro, de que pienses poder amarme, y ser amada, y espero, espero, otra vez espero la oportunidad.

Recuerdo nuestro último encuentro, y tu mirada de Medusa, paralizante, de mi tiempo, de mi raciocinio, sólo el corazón que late, golpea y grita: Mónica, Mónica, como yo estoy gritando ahora, como yo pienso gritar siempre. ¿Qué me hiciste? ¡Por Dio, ¿Qué me hiciste?! Todo es inútil, no puedo olvidar, no puedo dejar de gritarte.

Mariano.

Estrujó la carta mientras un sabor dulzón se mezclaba con su saliva luego de marcar afluentes en su rostro. Y en el recuerdo, la voz de ella al teléfono: “el jueves, a la una de la noche”. Las voces siguen su curso normal en la evocación: “¿Quién era?”, y la respuesta hollywoodense “equivocado”.
Un torbellino de memoria, lágrima, “te amo”, lágrimas, “yo también”, más cartas, río dulce y dolor.
-No más llanto- se prometió, y mantuvo el juramento impávido ante la llegada de su amigo. El hombre que sus labios atenazan en un susurro mortal: “Mariano”.

Las horas, eternas, siglos; y con ellas, la compañía del gélido auto y de crudas preguntas: ¿Porqué? ¿No había amor? Y tanta pasión ¿fingida? ¿Acaso no la satisfacía en la cama? ¿Y porqué con Mariano? ¿Había otros?
-Ninfomana- pensó mientras su amigo fumaba un cigarrillo en la entrada de aquél aveno.

Cuando la noche devoró al traidor, bajó decidido del auto con las llaves que su novia le había confiado. Apresuró la marcha, aún así sus pasos perseguían las huellas de las nostalgias y las dudas que golpeaban el inconsciente y que ya estaban grabadas en fiebre: ¿Había otros?

-Puta- corrigió al aprir la puerta del 2°A, en el preciso instante en que el papel de un periódico chocaba contra los barrotes del balcón en ese departamento.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 3.


3.- El Amante



Mariano Faltayano antes de bajar del auto miró su reloj: 0:58 A.M. Se paró frente al portero eléctrico y esperó para tocarlo: le encantaba la puntualidad extrema.

Era este puntal personaje, un típico galán: alto, morocho, ojos celestes, barbita de 2 días. Todo muy estereotipado, incluso su personalidad dual, "siempre feliz" según su familia, y algo que toma hedor por dentro, quizás la realidad.

En la ficción, un chiste siempre en el momento preciso o "el verso" de unas palabras dulzonas para piropear a cualquier chica, hermosa o deslucida

    -Basta que tengan dos tetas- bromeaba con sus amigos sapientes que la verdad no se disfraza de broma, y el olor a podrido no puede ocultarse siempre.

"Herrera for Men" el perfume en su cara. Un traje gris, una corbata azul y un sujetador de oro, una bufanda gris tonalidad oscura y un tapado gris que le llegaba hasta los zapatos del mismo color. Estaba completamente abrigado y, a pesar de ello, los dientes castañeaban gracias al frío espantoso y al viento que empeoraba la sensasión. Circunscribiendo a la álgida noche, la negra oscuridad, apenas combatida por una tímida luna menguante y una luz e farol a lo lejos.

-Al menos permite ver algo- reflexionó Mariano mientras observaba al mendigo y a su perro.
Miró el reloj: 1:01 A.M.

-Mierda- dijo y tocó el portero.

El combate en la cama se efectuó de manera desigual: brutalidad y desesperación contra pasión y dulzura.

Ella y él.

El empate fue pactado luego de una extenuante batalla. La despedida se alargó en un interminable beso y una promesa quedó latente: un nuevo encuentro, una nueva lucha y el mismo final.

Mariano Faltayano volvió a detenerse en la entrada del edificio. Encendió un cigarrillo y en frenética manía miró el reloj: 2:59 A.M. Esperó sesenta segundos y a las 3:00 A.M. en punto subió al auto para perderse en las sombras.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 2.

2- La Mujer

Era morocha, medía alrededor de un metro setenta y estaba prácticamente desnuda. Su primer nombre era Alicia, aunque todos la conocían por el segundo: Mónica.

El cuarto que la cobijaba emitía un fulgor a pecado, a tentación satisfecha. Y calor, mucho calor. Reminiscencia de cuerpos humanos fusionados en éxtasis. ¿Pecado? Ella no se sentía impura, había pensado lo hecho y sabía que lo necesitaba...lo deseaba.

Su cuerpo precipitó la osadía: una figura perfecta, ojos pardos, mirada pantera. Pero como siempre, el destino se obstina en dar a quien no sabe usar. Los bellísimos rasgos esculpidos por algún dios, estaban hechos para no ser alterados; sin embargo: maquillaje, decoración usada en exceso mediante rouge, sombra, colorete, y miles de cosméticos que la convertían en un payaso, atractivo a pesar del revoque.

Se paró frente a la cama, escenario vivo minutos atrás, primer, segundo y último acto, la misma obra: pecado...¿pecado? La cama trasmuta a un índice rígido, acusador, grita: ¡culpable!
     -¿Culpable de qué?- contestó ella en voz alta e interrogó a los testigos invisibles- ¿De ser mujer? ¿De hacer el amor con quien se desea? ¿De guiarse por los sentimientos?

Luego sobre la cama, el nombre que sus labios acarician en un susurro sensual: "Mariano". Tomó la carta, el detonante final y volvió a leer:

     Mónica:
¿Para qué caer en prólogos extensos sin sentido? Voy al grano: te amo, estoy totalmente perdido en tus gestos, en tu voz, en tu risa, en cada cosa que desprende tu perfume de mujer.

Ahora sí, al prólogo:

Toda carta tiene su sentido, las románticas suelen no ocultar nada o simplemente disfrazan su vergüenza con metáforas de rosas, flor y color. Esta carta trata de emular aquellas de antaño, pero no quiero parecer meloso en demasía, aunque lo sea.
Conocernos, quizás sea esta la palabra clave. Y dentro de esta lenta tarea, el reconocimiento certero de que no miento, de que no te voy a joder con sentimientos falsos, y perdona que use "joder" como expresión, es que a veces mi vocabulario no es muy extenso y trato de volcar toda mi ansia de palabras en frenesí, frenesí sincero, como te estaba diciendo, amor, o..no, tal vez no sea amor, tal vez locura, demencia, delirio, o...impotencia, ver agua tan cristalina que se escurre entre mis manos y no poder hacer nada para que crea, me crea, que soy recipiente, pozo infinito, no merecedor de tan bellas aguas. Reconozco que sobre un papel sueno distinto, puedo pensar, saborear cada palabra y luego reflexionar sobre el condimento a usar, esos detalles gastronómicos tratan de justificar mis palabras vacías en tu presencia o detrás de un teléfono. Pero soy yo, el mismo que te observa en secreto, y no puedo engañar más, a vos y a mí, al alma que es mucho más grave, al amor que en teoría tendría que ser intocable y día a día nos encargamos de ensuciarlo con melodramas estúpidos...¡otra vez mi falta de respeto! Pido perdón por mi verborrea insolente, y así como estoy, rodillas desnudas contra el piso, manos en rezo, te ruego una oportunidad, o al menos una esperanza.

Por lo pronto, sólo espero que me creas: estoy loco por vos.

Mariano

Y calor, mucho calor.
Salió al balcón para encontrarse con la realidad del frío, en fallido intento para aplacar el fuego interno.
El viento en ese instante sopló con más fuerza y la estación se transformó en un caos de papeles que...


Capítulo 1 aquí

domingo, 4 de diciembre de 2011

La Estación Como Único Testigo. Cap 1.

Descargué un libro en el ipod con una pequeña historia que me agradó así que decidí transcribirla para ustedes :)

La historia se llama La Estación Como Único Testigo, del libro La estación y otros relatos breves, de Fabio Barone. Son 8 capítulos que estaré publicando diariamente. Disfrutenla!


Un pozo pintado vio una paloma sedienta: tiróse a él tan violenta, que contra la tabla dio. Del golpe al suelo cayó, y allí muere de contado. De su apetito guiado, por no consultar al juicio, así vuela al precipicio el hombre desenfrenado.

FÉLIX MARÍA SAMANIEGO
1- El Mendigo

Una estampita o un monolito a la miseria. Eso era el anciano sentado en la estación del ferrocarril Gral. Urquiza. Y silencio. Y soledad, triste soledad.
Los pies del viejo se apoyaban en un perro de raza desconocida, mezcla quizá de Ovejero Alemán y Pequinés, o alguna otra cruza ridícula. De esta forma, lograba refugiarse en parte del frío viento que azotaba el lugar.

Una luz también, tenue, de un farol antiguo, iluminando 71 años. Y su ropa: vestía agujeros y una gorra de lana blanca tan sucia que parecía negra. La única prenda en buen estado, que resplandecía ante tanta congoja, era una campera inflable violeta, perteneciente a algún niño sin dudas ya que no le cubría los brazos en su totalidad, por lo que desde la mitad de los antebrazos se asomaban las mangas de una deprimente camiseta manchada de grasa.

El aspecto general no difería mucho al de su ropa. Gris, flaco, y arrugas grises. El escaso pelo blanco en su cabeza realizaba una magnífica antítesis con la enorme y dispareja barba negra que nacía en algún lado oculto en su cara.

Una estampita o un monolito a la miseria.

Y silencio. Y ruidoso silencio.

Cuando el tren arribó al andén, todo pareció perder armonía, excepto la linyera que conservó su mansedumbre pétrea.

Y sonidos. Y más luz.

Bajo un halo fantasmagórico, descendieron de un vagón sólo dos pasajeros. Las pisadas llegaron al mendigo como lejanos ecos nocturnos, y la apoteosis final de la noche, cuando se mezclaron los pasos con la retirada de la máquina infernal.

El anciano no los miró; escuchó detenidamente el acercarse de los cuerpos, tal como era su costumbre. Y cuando los sintió a su lado, su brazo se elevó y la mano, cual un cenicero, clamó por la ansiada limosna. Los pasos fueron esquivos y la mano quedó sin cenizas, sólo el frío tenebroso de la noche se animó a besarla.

A las tres de la mañana, una estampita o monolito a la miseria. Y silencio. Y soledad, triste soledad. Otra vez. Una vez más.

El mendigo guardó la mano de la clemencia en un bolsillo y con la otra acarició a su perro.
     -La próxima vez habrá más suerte, amigo- le dijo, y su mascota contestó con un movimiento de cola.
     -Ya sé, tienes hambre. Yo también amigo. Yo también...

El viento en ese instante sopló con más fuerza y la estación se transformó en un caos de papeles que revoloteaban como palomas por doquier. Un pedazo de periódico fue el más valiente y remontó vuelo hasta el balcón del 2° A, en el departamento de enfrente. Fue en ese momento cuando, en la mencionada habitación, hacía su entrada sigilosa Roberto Massara.

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Mañana el segundo capítulo ;)